Hoy fue todo lo contrario. Bueno, por excepción del sol. Sigue causándome cierta molestia el clima de estos días de Otoño. A por fin pudo permitirme compartir un día con ella fuera de la monotonía que la rutina escolar conlleva, la ciudad sigue siendo un caos, viajar en Metro es toda una odisea pero al final nos detuvimos en el número 136 de la calle de Tamaulipas, Frankfurt se llama.
2 Paulaner Dunkel por favor. Nos enlatamos entre ratos de risas y asunciones sobre las cosas que haríamos. Parafraseando a Martínez Ríos, usé mi silencio para decirle a A que aquí estoy, ya pasando los 21, y que la amo un chingo.
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